Adampi Aragón

VI CERTAMEN DE REDACCIÓN: GANADORES

Ha sido un trabajo muy difícil el seleccionar los ganadores/as de esta VI Edición de nuestro Certamen de Redacción "Miguel de Cervantes". Aquí tenéis los textos ganadores de esta edición. Leedlos y disfrutadlos con el mismo cariño con el que han sido escritos. Muchas gracias a todos/as por vuestra participación, esperamos poder volver a contar con vosotros en sucesivas ediciones.

 

TERCER CICLO DE EDUCACIÓN PRIMARIA - ACCESIT

RECONSTRUIR UNA VIDA de Marta Carreño

CEIP San José de Calasanz (Barbastro)

Sabía que no había vuelta atrás, cuando al fin tuve valor para abrir completamente mis ojos…

Bueno, me adelanto. Me llamo Marta, mi afición es el atletismo, más ahora que nunca, porque nuestro equipo ha sido seleccionado para el campeonato internacional que va a tener lugar dentro de dos meses. Todos entrenábamos a diario y estábamos nerviosísimos. Cada día salía en bici para fortalecer mis piernas, ya que mi prueba eran las vallas. Aquel domingo, como muchos otros días fui a dar una vuelta con la bici. El sol abrasaba mi frente, hacía más calor de lo habitual. De pronto, el miedo se apoderó de mi cuerpo. Un coche se había cruzado accidentalmente al carril bici, en posos milisegundos intenté hacer una maniobra para alejarme del coche, pero ya fue demasiado tarde. Caí encima del parabrisas del coche mientras la bici salía disparada a la carretera. Ya en el suelo, creí que no me había pasado nada, simplemente había sido un pequeño golpe, así que me dispuse a levantarme, recoger mi vici y seguir el camino. Pero una voz me gritó: “¡No te levantes!”, Entonces mi cabeza cayó contra el asfalto y perdí el conocimiento.

¡Bip! ¡Bip!

- Papá… mamá… ¿dónde estoy?

- En urgencias, cariño…

- ¿Qué ha pasado? Solo recuerdo que me caí de la bici, pero…

¡Ejem!

Una doctora de aspecto joven apareció en ese instante. Yo estaba llena de goteros en una sala blanca con pantallas y aparatos que jamás había visto.

- Bueno… Claudia te va a explicar un par de cosas, ¿vale?-Dijo amablemente mi madre.

- ¡Hola! Marta… ¿verdad?

- Si. Hola… -Dije de mala gana.

- A ver, Marta. Te hemos operado dos veces el brazo, pero hemos sido incapaces de salvarlo y lo hemos tenido que amputar. Ahora tendrás que hacer un mes de rehabilitación y luego…

- ¡¡¡¿Quéee?!!! – Grité. Mi mente se había quedado congelada en la palabra “amputar”.

- Marta, has sufrido un terrible accidente, pero lo superarás…¿vale?

- ¡Cómo que lo superaré! ¿Alguna vez has perdido un brazo? –exclamé ya gritando.

- Bueno… Te voy a dejar descansar un rato, ¿vale? –se despidió.

Se me cayó el alma a los pies. ¿Cómo iba a tener una vida normal? ¿Cómo continuaría con mis estudios? ¿Cómo comería? Y…¿Cómo iba a poder saltar las vallas sin un brazo?. Cuando intentaba responder a estas preguntas, empezaron a caerme unas lágrimas silenciosas por la mejilla. Adiós brazo, adiós vida normal, adiós campeonato… Vencida por estos terribles sentimientos caí en un profundo sueño.

- Buenos días, Marta –exclamó una voz familiar.

- Sabes qué? Ha soñado que me caía de de la bici y me amputaban el brazo… ¡A que es terrible?- conté

- Sí, lo es…- volvió a decir aquella voz familiar.

De nuevo me costó volver a la realidad y antes de que pudiera pensar más, Claudia dijo:

- Bueno… ¡Arriba! tenemos mucho trabajo.

Por primera vez tuve el valor de mirar el brazo. No había nada, simplemente un extraño bulto debajo del hombro. Con Claudia aprendí a hacer los ejercicios de rehabilitación.

- Bueno, ahora te presento a Sandra –me dijo Claudia-. Verás cuánto aprendes con ella.

Sandra era muy guapa, de aspecto joven e iba en silla de ruedas.

- ¿Podré correr? –le dije esperanzada.

- Sólo si tú quieres –dijo.

- Pero… ¿Cómo? Sin brazo… -pregunté ya agobiada.

- Mira Marta. Cuando te cierran la puerta principal tienes que entrar por la de atrás.

- Y si no hay puerta de atrás? – pregunté.

- Pues entra por la ventana. ¡Siempre hay una entrada! ¿Sabes? –me dijo.

Pasaron las semanas, cada vez me sentía mejor.

Sandra era mi mayor apoyo. Un día vinieron a verme mis compañeras de atletismo, que competían al día siguiente. Les deseé buena suerte y me acosté en mi cama intentando soñar que podía competir con ellas en vallas.

- Marta, chis, Marta… ¡Despierta! –me susurró alguien. Era Sandra.

- ¿Qué pasa? ¡Son las tres de la mañana! –exclamé.

- Vamos a ir a un Centro Hospitalario muy puntero en investigación a probarte algo.

- ¿Qué haces Sandra? –pregunté extrañada.

- Tu déjate llevar .dijo con la mayor calma del mundo.

Llegamos al aeropuerto, era la primera vez que salía del hospital en dos meses.

Tuve un gran sentimiento de gratitud hacia Sandra. Tomar el aire libre era lo que más falta me hacía. Tras unas horas de vuelo, llegamos al destino. Era un hospital enorme, con aspecto muy moderno, yo no había visto nunca ninguno igual.

- Ven, Marta, ponte esto. –me dijo.

Y me enseñó un brazo de plástico, era prácticamente de verdad, respondía a mis órdenes, como si fuera un órgano más. Entonces di un gran abrazo a Sandra, había rehecho mi vida de nuevo.

- Bueno… Ahora no tenemos mucho tiempo. Tengo un sorpresa. ¡Vamos! –gritó.

Alquilamos un coche y me di cuenta de que estábamos en Nueva York, ya que pasamos por delante de la mismísima Estatua de la Libertad. Entonces recordé que era la ciudad donde tenía lugar el campeonato internacional en el que participaba mi equipo. Me entristecí, pero la idea de volver a tener un brazo me emocionaba, así que no dije nada. Cuando me dí cuenta habíamos llegado a un estadio enorme y pensé que Sandra me había traído para ver a mi equipo, así que simplemente no dije nada, la abracé y entramos. Estaba allí, pero no tal como lo había imaginado siempre, ni mucho menos.

- Bueno… creo que necesitarás esto ¿no? –exclamó Sandra señalando unas zapatillas.

Tantos sentimientos se cruzaban por mi mente… no sabía qué responder, me puse las zapatillas y una voz exclamó:

- ¡220 vallas!

Y luego en otros idiomas.

Un miedo parecido al que tuve cuando vi aquel coche se apoderó de mi cuerpo. Me levanté, me puse el brazo y salí a pistas.

Todos aplaudían, entre toda la multitud puede divisar a mi equipo, que aplaudía más que cualquier otro.

- ¡A sus puestos… listos… ¡¡YA!!- exclamó un hombre.

Había comenzado la carrera, me sentía muy fatigada, pero a la vez más emocionada que nunca.

Salté las primeras dos vallas sin dificultad, me situaba en primer lugar, pero lo que más temía sucedió.

Mi brazo de plástico salió por los aires, ya que los movimientos que había que hacer para saltar las vallas eran muy bruscos y sentí de nuevo mi muñón que no respondía a ninguna de mis órdenes. Era casi imposible seguir. Empezaron a adelantarme otras corredoras, pero al ver lo que había pasado el público coreó mi nombre con gran emoción. No cogí mi brazo, quería que me vieran tal y como era, así que seguí adelante sin avergonzarme de aquello.

Adelanté a la tercera, luego a la segunda y me puse a perseguir a la primera, pero ví que era inalcanzable, así que seguí en segundo lugar, orgullosísima de mí misma.

Cuando llamaron al podium fui a felicitar a la que había quedado la primera.

- ¡Hola! ¡Muchas Felicidades! Lo has hecho genial –dije.

- Tu también. Yo he tenido más suerte que tu y a mí no se me ha caído la prótesis.

- ¿Qué también llevas una prótesis en el brazo? –dije asombrada.

- No. La llevo en la pierna. Bueno… vamos al podium, que ya es hora. –me dijo la chica.

Después de recibir las medallas en el podium… a María, la primera clasificada le correspondía dirigir unas palabras al público.

- Quería compartir mi copa con Marta, la segunda clasificada.

Yo, sobrecogida de agradecimiento y emoción no pude menos que coger el micrófono para exteriorizar y compartir mis sentimientos de aquel momento.

- Veréis, reconstruir una vida no es fácil, pero que haya personas que te comprendan y te apoyen, ayuda… -dije guiñando un ojo a Sandra.

- Así que os demostraremos nuestra realidad –dije mirando a María.

Las dos nos quitamos las prótesis y el estadio estalló en aplausos. [SUBIR]

TERCER CICLO DE EDUCACIÓN PRIMARIA - PRIMER PREMIO

NADAR CONTRA CORRIENTE de Jorge Lanzarote

CEIP La Estrella

Me llamo Michaela y tengo 12 años. Nací en una de esas ciudades del tercer mundo llamada Kobane. Mis padres apenas tenían dinero para salir adelante y mis zapatillas eran las de mis dos hermanos mayores. Mi papá tenía un taller de costura y me cosía la ropa.

Era una niña feliz. Iba al colegio y sacaba buenas notas y por las tardes me encantaba jugar en la calle con mis amigas corriendo por toda la manzana, por el parque, por el patio del colegio. Vivía para correr. Correr, correr, correr. Mi sueño era tener unas zapatillas de correr, de esas que veía en la televisión, con cámara de aire, con cordones de colores, con suela de tacos. Soñaba con participar en el equipo olímpico de Siria. Correría los mil metros en un tiempo record. Pero todo esto era un sueño lejano, muy lejano.

En 2015 la guerra se encontraba en el momento más violento. Bombas por toda la ciudad destruyeron mi casa, el taller de mis padres y mi pierna derecha. Logré sobrevivir gracias a un periodista extranjero que se encontraba fotografiando el polvo que salía de la ciudad. Solo recuerdo que me llevó al hospital y después no tenía pierna justo debajo de la rodilla. Una bomba perdida entre los yerbajos se llevó mi zapatilla y mi pierna por los aires, y con ellas mi sueño de se atleta, pero como dice mi papá soy terca como una mula y no me dí por vencida.

Escribí mi historia en Facebook y alguien en Europa la leyó y se interesó por mí. Resulta que ese alguien había tenido un hijo que ya murió de cáncer de huesos. Le cortaron una pierna a mi misma edad y le pusieron un apierna de plástico. Mariane que era una mujer que tenía mucho dinero pensó que podría ayudarme y me escribió una carta. Cuando supo mi historia creyó en mí y creyó que yo podría volver a correr. Con su ayuda y su dinero hoy tengo una pierna que me deja andar y correr.

A partir de entonces, cuando me pusieron la pierna, la vida se me complicó bastante. Sostenerme de pie era muy difícil. Correr era imposible. Empleaba mucho tiempo en hacer las cosas porque moverme era costoso. Subía las escaleras casi arrastras. La vida era muy difícil. Lo veía todo negro, pero luego me puse a pensar y quise se positiva. Poco a poco fui aprendiendo a moverme más deprisa. Cada paso era más rápido. Los pasos se convirtieron en zancadas y el caminar se convirtió en correr.

Seguí escribiendo en Factbook mi historia y la gente me enviaba mensajes de ánimo. Otras personas sin piernas me decían trucos para correr. Al final hasta me invitaron a correr en algún equipo de atletismo para personas con amputaciones.

Sé que nos eré atleta de los juegos olímpicos, sé que no batiré records, pero todos los días me supero porque corro, corro y corro por la yerba del parque, por las pistas y par coger el autobús cuando se me escapa. A veces me caigo, otras me canso y otras no llego donde quería pero mi zapatilla con cámara de aire, cordones de colores y suela de tacos junto con mi pierna de plástico me hacen feliz.

Ahora sueño con ser atleta paralímpica y sé que algún día lo conseguiré. [SUBIR]

SEGUNDO CICLO DE EDUCACIÓN PRIMARIA - ACCESIT

LAS PIERNAS de Noelia Mestre

CEIP San José de Calasanz (Barbastro)

Érase una vez una niña que se llamaba Nuria.

No tenía piernas y no lo superaba nunca.

Un día su padre, que se llamaba Sergio, le dijo: tu, tengas lo que tengas, o pase lo que pase, siempre vas a ser la misma.

Pero la niña le dijo: ya, papá… pero es que yo quiero tener piernas como los demás.

Pero el padre siguió insistiendo y le dijo: pero tu no tienes que ser como los demás, tu tienes que ser como eres porque no todos somos iguales. Todos tenemos nuestras diferencias.

Tienes razón, papá. Desde hoy voy a ser como yo soy. Como soy con mis diferencias y punto. Sin piernas o con piernas. Y si voy en silla de ruedas, voy y ya está. Voy a cambiar.

Al día siguiente estaba muy contenta y jugaba a las manos, hablaba mucho y se divertía mucho. A partir de ahora se puso feliz para siempre. [SUBIR]

SEGUNDO CICLO DE EDUCACIÓN PRIMARIA - PRIMER PREMIO

LA MINA OLVIDADA de Iago Fernández

CEIP San José de Calasanz (Barbastro)

Marcos era un niño obediente al que le gustaba jugar en casa con su hermano mayor. Un día fue a recoger agua a la fuente. Y justo al llegar a la fuente pisó una mina y explotó. La explosión le lanzó al suelo y perdió la pierna izquierda. Su padre lo llevó a un hospital lejos de su casa.

Al llegar al hospital, los médicos tuvieron que amputarle la pierna. Marcos se sentía mal porque estaba solo y enfadado en el hospital. No entendía porqué le había pasado a el.

Poco a poco fue conociendo a los niños del hospital. Que estaban como el. Unos eran mancos, otros no tenían piernas, etc, etc… Y también se hizo amigo del doctor Javier.

El doctor le curó y también le dio ánimos. Le enseñó que podía hacer muchas cosas siendo cojo. Entonces le ponen la pierna ortopédica.

Celebra una fiesta para despedirse de sus nuevos amigos. Está triste por despedirse de sus amigos y del doctor. Pero también está contento porque vuelve a su casa.

El camino hasta su casa es largo y cuando por fin llega, su familia se pone muy contenta. Todos sus amigos lo visitan.

Marcos habla con su padre para decirle que quiere volver al colegio. De ahora en adelante estudiará mucho porque de mayor quiere ser médico para ayudar a otros niños del mundo. [SUBIR]